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Semblanza 2017

Jesús Villa-Rojo (1940), músico integral y de acentuada personalidad, se ha definido a través de unas inquietudes y de unos intereses artísticos que han tomado cuerpo en campos  de acción diferentes. Así, en la creación compositiva, disciplina en la que ha firmado un catálogo que abarca cerca de dos centenares de  títulos, encuadrados en casi todos los géneros  –de los que un buen número se cita entre lo mejor que la música española ha dado en la segunda mitad del siglo XX y en lo que va del XXI-. En la interpretación,  dominio en el que ha destacado no sólo como instrumentista, sino también como investigador y experimentador ahondando a terrenos inéditos relativos a los recursos técnicos y expresivos de su instrumento, el clarinete, que a la vez que ha fecundado su labor de creación, ha  servido también de estimulo para el trabajo de un sinfín de colegas de buena parte del mundo, cuyas obras han tenido cobertura en numerosos  festivales y encuentros a través del Laboratorio de Interpretación Musical (LIM), agrupación que el mismo fundara en 1975 y desde entonces dirige como emblema de su valoración artística, didáctica y social, requerida desde entonces para dar movilidad al desarrollo creativo de la vida musical. Villa-Rojo, escritor igualmente –amén de docente, organizador (director del CDMC del Ministerio de Cultura de España entre 1995-1997 y director-fundador del Laboratorio de Interpretación Musical (LIM) desde 1975, divulgador, animador cultural…-, es autor de libros de extraordinaria importancia en los temas que estudian: El clarinete y sus posibilidades, Juegos gráfico-musicales, Notación y grafía musical en el siglo XX... Pero ha escrito también un buen número de ensayos de dimensiones más reducidas, de  textos y artículos diversos que a lo largo de su carrera profesional han ido apareciendo en diferentes publicaciones. En ellos, ejerciendo con pluma ágil la crítica literaria en muchos casos, a la vez que reflexiona sobre argumentos históricos, sobre contenidos sociológicos, o sobre los temas musicales de la índole más variada, acaba por trazar su propio retrato intelectual, y aunque sea de manera espigada, logra exponer su poética, su declaración de intenciones creativas casi a modo de manifiesto personal.

Las cerca de doscientas partituras escritas, encierran una evolución-transformación estética y técnica llena de coherencia aún dentro de la formación académica tan fundamental al iniciarse una proyección de futuro compositivo y musical. Es cierto que no todos los compositores proyectan su futuro como profesionales o personas con dedicación creativa de intencionalidad musical. En el caso de Villa-Rojo, la llegada al mundo compositivo se produce después de haber estudiado los procedimientos empleados por los maestros históricos y contemporáneos de sus obras y de haberse adentrado en los artificios de la realización. Por ello, sus primeros ejemplos nos relacionan con el pasado musical aunque pueda ser un pretexto de iniciación porque muy pronto surgen elementos que reivindican una concepción particular original de sus ideas que nos dirige hacia la investigación de  materiales experimentales hasta convertirlos en sistema o código propio. Ya en 1969, cuando Villa-Rojo llega a vivir y trabajar en Roma, conviviendo con artistas de todas las especialidades, pintores, arquitectos, escultores, grabadores, etc.,  después de haber superado las pruebas exclusivas para la obtención de Pensionado de Música que le permite residir en la Academia Española de Bellas Artes durante tres años para después presentar trabajos acreditativos de superación para la concesión definitiva del Gran Premio Roma otorgado en 1972,  compone la primera obra en la que aparecen algunos de los primeros resultados de sus experimentos  Música para obtener equis resultados: en ella, recurre al piano para incorporarle el clarinete en su caja de resonancia con la finalidad de conseguir fundir  sus armónicos por simpatía con los sonidos ofrecidos por el clarinete para crear una fusión armónica y tímbrica llena de colorido ambiental entre ambos instrumentos inédita. El interés por este procedimiento y el juego de frecuencias producido a partir de las resonancias al introducir la campana del clarinete en la caja del piano, formó parte en su concepción armónica en distintos proyectos, igual que recurrir a la realización simultanea voz y sonido instrumental que ensayaba entonces por primera vez en el sentido de su relación tan ampliamente desarrollada de multifónicos.            

Así, conocer los valores formativos académicos en su rigurosa didáctica, fue un primer paso de Villa-Rojo para afrontar sus conocimientos musicales. El Real Conservatorio Superior de Música de Madrid sería el centro oficial en el que completaría  los estudios de clarinete, piano y composición con todas sus materias adjuntas, valorado y compensado con premios extraordinarios “Fin de  Carrera”. Convertido a la vez en clarinetista virtuoso al finalizar los estudios diversificados que había seguido durante el proceso formativo, se acreditó también como uno de los pioneros en investigar el mundo instrumental, resultando de todo ello varios libros-tratados publicados en varias lenguas difundidas internacionalmente, al considerarse poco actualizado ese conocimiento ya que los instrumentistas desconocían en aquellos momentos sus verdaderas dimensiones. Fue el periodo en que inicialmente el oboísta-compositor Heinz Holliger, los trombonistas Vinko Globokar y Giancarlo Schiffini, los flautistas Pierre-Ives Artaud y Severino Gazelloni, el fagotísta Sergio Penazzi y el clarinetísta  Jesús Villa-Rojo, quienes iniciaron por los años sesenta experimentos que enriquecerían ampliamente la música instrumental. Esta nueva visión cambió conceptos, hasta entonces denominados monódicos, los característicos de los instrumentos de viento de las orquestas, para permitir su amplitud en multifónicos, ya que en realidad podían obtenerse varios sonidos simultáneos como sucede con los instrumentos polifónicos tradicionales que ya habían sido concebidos en su origen con estas posibilidades aunque hubieran quedado descatalogadas hasta entonces.

El desarrollo experimental de todo lo que surgiría en estos campos, permitió a Jesús Villa-Rojo profundizar en cada una de las posibilidades, considerando entre otras, de forma primordial las polifónicas o multifónicas como entonces se decía. De esta forma en lo que se refiere a nuevas aportaciones, anotadas con meticulosa exactitud, pensadas en los instrumentistas y en los compositores en su libro El clarinete actual, pueden considerarse los conceptos de valoración del sonido generado o elaborado por los medios actuales dentro de lo más adecuado que permiten los sonidos producidos simultáneamente, generados como sonidos multifónicos, que responden a la denominación, según su naturaleza de sonidos reales, sonido real y sonido resultante, sonido real y sonidos armónicos, sonido resultante y sonidos armónicos, sonido real con resultante y armónicos y sonidos rotos, entre otros muchos recursos. Investigador como se comenta de los avances acumulados de la expresividad sonora unida a la incorporación electrónica y electroacústica, consiguiendo mundos sonoros enriquecidos y creando una síntesis global de inmensas proporciones, lleva a Villa-Rojo a publicar catorce libros y numerosos artículos donde es recopilado material acreditativo de la amplitud de sus dimensiones. Estas publicaciones difundidas internacionalmente, ya han ofrecido resultados y acreditado su influencia en la creación musical contemporánea por la amplitud de los contenidos que ofrecen: investigación instrumental de materiales hasta entonces no estudiados, estudio gráfico y de notación aplicado a la nueva concepción de las novedades tratadas, renovación del sentido didáctico requerido en cada caso, creación de nuevos sistemas de escritura musical con el fin de ampliar el vocabulario sonoro, etc. Su credibilidad institucional lo reconocen: Consejo Superior de Investigaciones Científicas que consideró ser pionero presentando en su Departamento de Musicología  de Barcelona, dirigido por Miguel Querol, el primer avance de los experimentos instrumentales de Villa-Rojo, fruto de una beca de estudios científicos y técnicos de la Fundación Juan March en 1972 El clarinete y sus posibilidades (Ed. Alpuerto, 1ª edición 1975, 2ª edición 1984). Igualmente sería presentado en Italia en la Academia Filarmónica Romana por Boris Porena, estrenando varias composiciones basadas en estos experimentos. En el Festival de Royan, fue dedicado un “atelier” exponiendo el alcance de las aportaciones villarojianas por Harry Halbreich; en la Fundaçao Calouste Gulbenkian de Lisboa, se dedicó seminarios para la información de los nuevos proyectos de Villa-Rojo, al lado de sus recientes creaciones compositivas. El Foro de Nueva Música de México acogió con detalle y amplitud, el desarrollo didáctico de estas ideas mientras que en los Cursos Latinoamericanos de Brasil, Coriún Aharonian hacia una introducción de los nuevos panoramas, igual que Rafael Aponte-Ledée exponía todo ello en la Bienal de Música Contemporánea de Puerto Rico. La Universidad McGill de Montreal invitó a Villa-Rojo, cediéndole sus cátedras para que fueran expuestos sus trabajos de experimentación instrumental, compositiva y con especial interés de notación y grafía musical, desarrollados posteriormente en la dirección de sus MASTER de la  Universidad Internacional de Andalucía (UNIA) o la Universidad de Granada dirigida por Antonio Martín Moreno; contribuyendo desde estas instituciones a potenciar su presencia en otras universidades, conservatorios, festivales, etc. Es por entonces, cuando el gobierno francés lo distingue como Oficial de la Palma Académica de las Artes, en Hungría la Asociación de Músicos le concede el Premio Béla Bartók, en Italia la Academia Santa Cecilia le concede el Premio Bonaventura Somma, en Austria dentro del Festival de Salzburgo se le concede el Premio Koussevitzky,  en España el Ministerio de Cultura le concede el Premio Nacional de Música en 1973, el Premio Nacional del Disco en 1986 y nuevamente  el Premio Nacional de Música en 1994.

Como renovador de las técnicas instrumentales (ya comentadas), programado en calidad de solista en buena parte del mundo con la finalidad de exponer las innovaciones obtenidas, principalmente alrededor de sus experimentos, tuvo la fortuna de haber sido agraciado con ejemplos musicales a él dedicados por los compositores de mayor prestigio internacional: Earle Brown, Edgar Alandia, Cornelius Cardew, Azio Corghi,   Edison Denisov, Lázló Dubrovay, Manuel Enríquez, Tristan Murail, Armando Gentilucci, Vinko Globokar, Gerard Grisey, etc.  Además del estreno de las obras, pudo llegar a ofrecer versiones fonográficas con sellos multinacionales como Naxos, CBS, Hispavox, Marco Polo, Stradivarius, Globe Record, RCA, LIM Records, Dial, Movieplay, etc.; han permitido un volumen informativo desconocido hasta entonces.

Quienes en definitiva han situado en lugares distinguidos algunos de sus ejemplos: Lamento uno de ellos, considerado de interés y valoración social especial, surgió por encargo del prestigioso soxofonísta Daniel Kientzy en 1989, estrenado en Paris por él mismo ese año, aglutina el significado representativo de diversas fisonomías en el tiempo y del sentir humano. Las grabaciones fonográficas y la programación permanente de esta idea compositiva, por distintos países además de la revisión de su contenido con otros formatos instrumentales han permitido su amplia divulgación. La voz del cante flamenco tomado de una debla de Rafael Romero (El Gallina), junto a la elaboración instrumental y electroacústica de la parte grabada en CD, forman un conjunto de elementos que le llevan a continuas variantes interculturales de aproximación flamenca, hacia algunos de los tópicos del origen español. En el desarrollo de las revisiones, fueron requeridos combinados de violonchelos además del cello solísta, corno inglés, saxofones de casi toda la familia, clarinete bajo, marimba contrabajo… respetando a modo de elemento repetitivo de base, la voz del cante flamenco. El desarrollo de este sentir de origen, Pasodoble  también podría considerarse una incursión en mundos populares llenos de alusiones y simbolismos, la mayoría de las veces distanciados de las élites sofisticadas de los mundos centrados en aparentes genialidades. Había surgido como un encargo de la Orquesta Nacional de España para su temporada de conciertos en el Auditorio Nacional de Música, considerando  por ello que debía plantear una obra representativa de la musicalidad española que según el prestigioso compositor italiano Goffredo Petrassi, había lagunas en su profundidad conceptual como ya había mostrado Pablo Picasso en el arte pictórico, sin alejarse a la vez de un cierto descriptivismo poético con matices simbólicos de aproximación a la poesía de García  Lorca.

Villa-Rojo tuvo la fortuna de ser invitado por el Grupo de Improvisación de “Nuova Consonanza” de Roma para colaborar en sus programas experimentales únicos en los años 1969-1073. Este colectivo formado exclusivamente por compositores-intérpretes del prestigio de Franco Evangelisti, Ennio Morricone, Egisto Machi, Mario Bertoncini, Giovanni Piazza y Walter Branchi, entre otros; centraba sus trabajos en la improvisación más esquemática y abstracta que se podía concebir, no habiendo precedentes de un proyecto de tantas pretensiones creativas musicales; contradiciendo por otra parte los permanentes trabajos de Villa-Rojo en favor  de la partitura. Simultáneamente, también formó en Roma el grupo (1971), “Nuove Forme Sonore”,  junto con el trombonísta Giancarlo Schiaffini y el contrabajísta Bruno Tommaso, al que seguidamente se incorporaron la soprano Michiko Hirayama, la violonchelísta  Frances-Marie Uitti, etc., que partía de la improvisación igualmente pero contando con la partitura, principalmente aleatoria, como base. El IRCAM  del Centro Pompidou de Paris  dirigido por Pierre Boulez, solicitó su colaboración en el equipo de investigación y experimentación instrumental que coordinaba Vinko Globokar en 1979. Al regresar a Madrid, en 1975 crea el Laboratorio de Interpretación Musical (LIM) y el Grupo de clarinetes LIM, que reunía a  toda la familia de estos instrumentos, que ha tenido una presencia fundamental en la actividad y en las  novedades de la producción contemporánea, estimulado conceptualmente por sus miembros de honor: György Ligeti, Olivier Messiaen, Goffredo Petrassi y Karlhein Stockhausen que inspiraron y guiaron su vida artística y musical. Los contactos de Villa-Rojo con el mundo artístico en general le hizo posible obras como Hombre aterrorizado-dor  para un instrumento, actor-mimo y dispositivo electrónico, estrenada en Roma y presentada en otras ciudades así como su Concierto 2  para violonchelo y orquesta, coreografiado por el prestigioso Ballet de Harlem de New York, mantenido en cartel durante cinco años ininterrumpidamente por diversas ciudades.

Formas y Fases  al igual que otras de sus obras, confirma el protagonismo de la experimentación instrumental y despertó innumerables y lógicas curiosidades desde el momento de su presentación en el Teatro Real de Madrid. Había sido un encargo en 1971 de la Semana de Música Nueva de la misma ciudad, después de la obtención del mencionado Premio Béla Bartók de la Asociación de Músicos Húngaros con su cuarteto Tiempos,  el Festival Internacional de Música Contemporánea (ISMC) de Reikiavik la eligió para representar a España. Posteriormente a la edición de EMEC , Formas y Fases  había sido objeto de una grabación dirigida por Antoni Ros Marbá, con el autor como solista al clarinete que fue presentada por Harry Halbreich y Pérez de Artega a la Fundación Koussevitzky de Nueva York, con el fin de que participara en el acreditado  premio de la producción fonográfica, otorgado por la critica internacional a la mejor obra sinfónica de compositor vivo, celebrado en el Festival de Salzburgo en 1978. Entre los prestigiosos compositores presentados en esta edición  del Premio Koussevitzky,  figuraban Roger Sessions, Harrison Birtwistle, Kyurkchysky, Hawath, Fortner, Larsson, John Corigliano, etc.; resultando ganadora del Premio Koussevitzky 1978, la obra  Formas y Fases  de Jesús Villa-Rojo.

Pensar en los datos escritos en las partituras históricas o contemporáneas como representantes de los sonidos concebidos por los compositores, es algo que ha permitido a Villa-Rojo relacionar lo visual como algo también musical o sonoro. Es evidente que si la música nos tiene relacionados con símbolos para su lectura y entendimiento, nuestra capacidad comprensiva nos lleva a ver y en cierta medida sentir lo sonoro desde lo gráfico, los contrastes vividos por Villa-Rojo que le permitirían redactar y publicar en varios idiomas el tratado de mayores dimensiones en estos campos: Notación y grafía musical en el siglo XX, para que al lado de todo ello y desde estas reflexiones, surgiera la publicación de los 14 libros ya mencionados que en resumen pueden considerarse  un anticipo de actualidad futura, creyendo Villa-Rojo que el sistema y la técnica avanzarían dejando lugares entre visionario e investigador sin que exista línea de separación, nosotros nos quedamos con la denominación de “investigador”, más exacta y rigurosa, y el tiempo y la historia dirán el resto, aunque en una gran parte y afortunadamente para nuestras afirmaciones, la historia ya está dando el merecido veredicto (N.Ordiz/C.Villasol). 

Bibliografía

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Discografía

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Premio Internacional de Composición Musical "Jesús Villa-Rojo"

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